Nota: Antes de Leer
Quiero agradecer la buena acogida del primer capitulo y vuestro seguimiento. Mucha gente ha pedido el segundo capitulo de Boston by Night y yo estoy encantado de publicarlo. Al igual que el primer capitulo, aun no he conseguido arreglar el problema del teclado de mi ordenador, asi que hasta que pueda corregirlo, habra muchas tildes que no esten escritas.
Nada mas. Disfrutad y dejad un comentario de que os ha parecido.
¡Gracias!
Shovel

Desde una ventana de la sexta planta del hotel Radisson de Boston, un hombre fumaba un Benson & Hedges, mientras miraba el trafico de la calle Stuart. Nunca había perdido el hábito, ni cuando le diagnosticaron cáncer de pulmón a los 27 años. A estas alturas ya era estúpido dejarlo. ¿Que iba a pasar?
Había anochecido hacía apenas una hora y quedaba un buen rato aún hasta medianoche. Los últimos estertores del invierno de Massachusetts dejaban caer algún copo de nieve incluso a finales de abril, pero este año ha sido especialmente caluroso. Ha estado lloviendo desde que llegó a la ciudad.
-Menuda jodida ironía.- dijo el hombre. Le dió una última calada al cigarrillo y tiró la colilla a la calle.- Lo único que nunca me abandona es la puta lluvia.
Dejó la ventana abierta para escuchar el ruido de la calle. Seguro que era mejor que la mierda que estuviesen dando por la tele en ese momento. Dios, cómo odiaba la tele americana. Sacó otro cigarrillo.
La cama estaba llena de papeles que habian salido de un sobre color marrón certificado. Obviamente no ponía el remitente. Los apartó y se tumbó boca arriba, colocándose un cojin en la espalda. Con cuidado encendió el cigarrillo y se dispuso a repasar una vez mas la documentación. Estaba impresa en el mismo tipo de papel que utilizaba el MI6 para notificar las misones a los agentes encubiertos. Si se mojaba un poco, la tinta se correría de tal forma que el documento quedaba totalmente ilegible. Además, según tenía entendido, era muy digestivo…
Definitivamente no iba a comprobarlo.
Varón, Caucásico, metro setenta y ocho, complexión fuerte… La ficha que le habían enviado era jodidamente exhaustiva. Además de hábitos, zonas de tránsito, habilidades conocidas, comportamiento social, y siete folios más de la vida y milagros del tipo, estaba acompañada por lo que casi era el book fotográfico de un actor: ventitrés fotos del objetivo, todas con una calidad óptima, y algunas hechas desde tan cerca que el se preguntó si de verdad los que le habían contratado para el trabajo no podían haberse encargado ellos mismos de hacerlo.
El objetivo tenía en nombre en clave “G”. Lo que parecía la foto de registro de una cárcel de máxima seguridad mostraba a un hombre de mediana edad, bastante bien conservado, pero con claros signos de una vida dura. Y joder, debió de vivirla antes de que inventaran las maquinillas de afeitar.
El cabrón había llegado con el Batallón de San Patricio en 1847 y había vivido en la ciudad desde entonces. Con todos los irlandeses que rondaban por alli habria pasado desapercibido hasta Jesucristo.
Repitio mentalmente el plan, cada particularidad, hora e itinerarios cuidadosamente preparados y revisados una y otra vez. Quedaba solo una hora para la medianoche, y su paquete estaba a punto de llegar.
A las 23:17 PM Hora Este, sono el telefono de la habitacion 63. Solo sonó una vez.
-Si.-dijo secamente al auricular.
-¿Señor…Hawk?- obviamente era un pseudónimo- Michael Evans, de recepción. Lamento llamarle tan tarde, pero aqui hay un mensajero con un paquete para usted que ha insistido en que esta era la hora exacta en que tenia que hacer la entrega…Si usted pud..
-Enseguida bajo.
El huésped de la habitacion 63 se levanto de la cama rapidamente y recogio todos los papeles de encima de la cama. Cogio una papelera metalica que habia en el cuarto de baño y los metio dentro. De su maleta saco un bote casi vacio de queroseno para mechero, y termino de vaciarlo encima de los papeles. Dejo la papelera en el suelo y se encendio un cigarrillo. Mientras exhalaba el humo azulado mirando hacia arriba dejo caer el tabaco incandescente en la papelera y comenzó a arder inmediatamente. La llama era demasiado pequeña como para activar la alarma de incendios, pero no se arriesgó. Espero unos 20 segundos a distancia prudencial hasta que el fuego se extinguió y echo los restos de la papelera al retrete, y tiró de la cadena.
A las 23:19 PM no quedaba ningun rastro de su alojamiento en esa habitación.
Con paso firme y rápido se dirigió a los ascensores. Allí esperaban una pareja de unos 50 años de edad. Por el acento con el que hablaban entre ellos serian de Australia. En cuanto vieron al hombre ir hacia ellos se callaron rápidamente. Pobrecitos. Se habian asustado.
Y no era para menos. Media un poco mas de dos metros, y pesaba casi 130 kilos. Su pelo era moreno y corto, al estilo militar retirado, y la mandibula marcada y fuerte. Si te lo encontraras en una acera solitaria por la noche, cruzarias la calle. Cuando entro en el ascensor miro a la mujer y le brindo una sonrisa propia de un demente mientras las puertas se cerraban.
La pareja bajo por las escaleras.
El vestíbulo del Hotel estaba dividido por la mitad por una escalera de marmol rosaceo, al bajarlas pudo ver al jefe de recepcion, a un botones y a un mensajero de FedEx cargando un paquete con evidente esfuerzo. Rapidamente cubrio la distancia que le separaba de ellos. El jefe de recepcion se apresuro a interceptarle saliendo de detras del largo mostrador de madera con forma de L. Era espigado y bastante nervioso, quiza demasiado. “Sería digno de verle actuar en una crisis”, pensó.
-Señor Hawk, lamento mucho las molestias que le hemos causado.- Parecia un poco sofocado. Ya empezaban a cansarle tantas tonterias.- No sabiamos si usted querria recibir el paquete a estas horas, pero insistio tanto que tuvimos que avisarle.
Se detuvo brúscamente a menos de medio metro del mensajero, y éste dió un paso vacilante hacia atrás, asustado. Le quitó la pizarra electrónica que tenía en la mano y firmó sin dejar de mirarle a lo ojos. Se la embutió contra el pecho, y con una sola mano le cogió el paquete. El pobre mensajero se quedó perplejo, porque el maletín bien podía pesar veinte kilos. Quitó el sello de plástico, y sacó del envoltorio semirrígido un maletín metálico de color negro mate.
-Bien, carge la estancia a mi cuenta. Me marcho ya.- dijo el señor Hawk. Salio del hotel entre las suplicas del recepcionista por saber que pasaba y si estaba conforme y Dios sabe qué más. Pero ni siquiera tenía tiempo para decirle que se callara.Tenia que coger un tren.
La parada de metro de Arlington solo estaba ocupada por tres personas: Un mendigo, un guardia de seguridad tratando de echarle, y una persona que habia dejado de llamarse Señor Hawk.
La lanzadera que le llevaria a Forest Hill paso a la hora exacta prevista, segun el plan.
La salida del Metro estaba orientada hacia un edificio de oficinas, de unas quince plantas.
Enfrente del edificio había uno de esos jardincitos zen tan de moda en las grandes corporaciones. La arena estaba apelmazada y los circulos concentricos del jardin estaban difuminados. Sin preocuparse, el gigante pasó por encima.
La fachada de la entrada era completamente de cristal. Blindado, seguramente. Ni siquera se molesto en forzar la cerradura. sabia por donde entrar. La garita del unico guardia de seguridad que habria en el edificio en ese momento se encontraba a trece metros exactamente desde las esquina del edificio, junto a la entrada al parking. Tenia que neutralizarlo rapido antes de que diera la alarma.
Se concentro durante un segundo y sintio la fuerza de su sangre ardiendo en sus venas. El mundo se hizo mas lento a su alrededor, y todo sucedio como si le sucediera a otra persona y el lo estuviera viendo a traves de sus ojos: salir corriendo hacia la garita; notar que el vigilante le habia visto; la expresion de horror de este cuando se le echo encima, sin haberle dado tiempo siquiera a coger el walkie talkie; El brazo atravesando el cristal y partiendole el cuello con un solo moviemiento…
En las escaleras del ultimo piso una puerta enrejada impedia el acceso al cuarto del sistema de ventilación del edificio. El hombre cogio un poco de impulso y de una patada hizo saltar la cerradura. El choque de la puerta contra la pared retumbó por todo el hueco de las escaleras, pero a excepción del guardia de seguridad, no había nadie en el edificio. No hubiera importado, de todas formas. Ya habría acabado para cuando le encontraran. Cruzó la sala entre las máquinas de aire acondicionado industrial y se dirigió a la salida al exterior.
La azotea tenria unos treinta metros de ancho, que caminó sobre la gravilla a buen ritmo. No le quedaba mucho tiempo. Su objetivo se acercaba.
Coloco el maletin frente a él y lo abrió. Bajo las capas de espuma aislante se encontraban las piezas de un rifle de precisón. Metodicamente, ensambló uno a uno los componentes de un Barret Modelo 95 del calibre .50. La munición habitual que se usaba con este arma podia atravesar el blindaje de 55 milimetros de un tanque M60 americano. Pero el objetivo era bien distinto, y quizá una bala antitanque no fuera suficiente.
Cuando terminó de armar el rifle, sacó de la gabardina de cuero un estuche alargado revestido de un material ignífugo. De el sacó una bala, de unos 12 centimetros de largo y dos de diámetro. Era de un color acerado mate, y unos surcos muy finos la recorrian desde la punta hasta el casquillo. Sólo necesitaría esa bala.
Fijó los pies en el suelo y apuntó la calle. A través de la mirilla inspeccionó la calle. Un muro de más de cien metros de largo ocupaba la acera de enfrente, con una sola puerta para camiones que lo atravesaba. En la acera de enfrente se encontraba el edificio donde se encontraba el propio tirador y en la manzana de su derecha, un pequeño parque infantil. Por lo demás, no había ni un alma en toda la zona. Había dejado de llover.
De pronto, un rugido absolutamente fuera de lugar, salvaje y profundo, sacudió la tranquilidad de la noche. Incluso el inquebrantable gigante podría haberse asustado por lo imprevisible del sonido, pero conocía la zona en la que se movía, y esto no le extrañó lo más mínimo…
No esperaba menos. Enfrente tenía el zoo.
Esperó sin hacer movimientos que un espectador normal pudiera notar durante veinte minutos más, cuando escuchó un motor de coche acercándose por la derecha. Era un negro, con pinta de escolta oficial para diplomáticos, pero sin las banderitas, lunas tintadasy puede que neumáticos macizos. Lo siguió con la mirilla todo el camino hasta que circuló paralelo al muro del zoo, donde comenzó a reducir su marcha. hasta que se paró frente a la puerta de acceso en el medio de la calle.
No podía ser una coincidencia. El hombre se enervó ligeramente. “Esto no es parte del plan”-se dijo. Odiaba las sorpresas. Quitó el seguro del rifle.
Una puerta de tamaño convencional se abrió en la entrada del zoo, de la que salió una mujer joven, bastante atractiva y de pelo rubio y corto. Salió caminando muy despacio y sensualmente hacia el coche y se agachó para ponerse a la altura de la ventanilla. Desde su punto de vista, el tirador no podía ver lo que hacía, porque se encontraba en el lado opuesto. Supuso que desde dentro habían abierto alguna ventanilla, porque la chica volvió a entrar al zoo, de nuevo caminando juguetonamente, con algo envuelto en tela blanca bajo el brazo, mas o menos del tamaño de un balón de rugby.
La puerta continuó abierta, pero estaba demasiado oscuro para ver nada. El tirador se maldijo por no haber pedido una mira telescópica con detección de infrarrojos, pero contra este tipo de objetivos, normalmente, era inútil. No tuvo que esperar demasiado para que volviera a salir. Esta vez iba acompañada. No había duda.
Con ella iba el nombre en clave “G”.
Las fotos que le enviaron eran totalmente fieles, y no habia posibilidad de error, pero el informe decía que aparecería solo. Si disparaba ahora revelaría su posición y, aunque neutralizara al objetivo, no tenía ganas de vérselas con la chica del pelo corto. Ahora tocaba ser paciente y esperar el momento perfecto.
El objetivo y quien fuera que estuviera en el coche hablaron durante dos minutos. Estaba demasiado oscuro para leerle los labios, pero no tanto como para no ver que estaba muy serio y rígido. El coche se fue por el lado contrario de la calle por el que entro, y los dos empleados extraordinarios del zoo se quedaron quietos hasta que desaparecio por la esquina. La chica entro antes, pero “G” se quedo unos segundos mas mirando el horizonte de asfalto mojado, pensativo.
Era el momento.
Cuando la figura solitaria en medio de la calle se dio la vuelta para caminar con la cabeza baja de vuelta a la oscuridad llena de sonidos salvajes el tirador vio una oportunidad irrepetible. No habia viento. Trayectoria del blanco predecible. Sesenta metros de distancia… No podia fallar.
Como habia hecho un millon de veces…apreto el gatillo, y un ruido de succion sustituyo al disparo gracias a los supresores de fogonazo y el silenciador.
El objetivo recibio el disparo entre los omoplatos, pero la bala no le atraveso, sino que de sus costados y hombros salieron varia esquirlas incandescentes de color blanco brillante, que acabaron clavandose en el muro y la acera, donde siguieron consumiendose como bengalas de posicion durante un rato.
El tirador no se quedo hasta que se consumieran, pero si hasta que el objetivo, nombre en clave “G” se consumio en una agonia terrible entre llamas blancas y azules hasta convertirse en cenizas que se disolvieron en los charcos de la carretera tras el zoo de Boston.
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En el metro de vuelta hasta el centro de la ciudad, el gigante saco un telefono movil con conexion GSM, con el que podia hablar con cualquier telefono del mundo. Nunca se sabia de donde seria el jefe. Marco un numero, que nunca era directamente sociado con el cliente, y dio el mensaje.
- Aqui Rain. Objetivo con nombre en clave “G” eliminado. Espero instrucciones.
No hay eco en las alcantarillas.