Capítulo II

                               Nota: Antes de Leer

Quiero agradecer la buena acogida del primer capitulo y vuestro seguimiento. Mucha gente ha pedido el segundo capitulo de Boston by Night y yo estoy encantado de publicarlo. Al igual que el primer capitulo, aun no he conseguido arreglar el problema del teclado de mi ordenador, asi que hasta que pueda corregirlo, habra muchas tildes que no esten escritas.

Nada mas. Disfrutad y dejad un comentario de que os ha parecido.

¡Gracias!

                                                                                                                                      Shovel

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Desde una ventana de la sexta planta del hotel Radisson de Boston, un hombre fumaba un Benson & Hedges, mientras miraba el trafico de la calle Stuart. Nunca había perdido el hábito, ni cuando le diagnosticaron cáncer de pulmón a los 27 años. A estas alturas ya era estúpido dejarlo. ¿Que iba a pasar?

Había anochecido hacía apenas una hora y quedaba un buen rato aún hasta medianoche. Los últimos estertores del invierno de Massachusetts dejaban caer algún copo de nieve incluso a finales de abril, pero este año ha sido especialmente caluroso. Ha estado lloviendo desde que llegó a la ciudad.

-Menuda jodida ironía.- dijo el hombre. Le dió una última calada al cigarrillo y tiró la colilla a la calle.- Lo único que nunca me abandona es la puta lluvia.

 Dejó la ventana abierta para escuchar el ruido de la calle.  Seguro que era mejor que la mierda que estuviesen dando por la tele en ese momento. Dios, cómo odiaba la tele americana. Sacó otro cigarrillo.

La cama estaba llena de papeles que habian salido de un sobre color marrón certificado. Obviamente no ponía el remitente. Los apartó y se tumbó boca arriba, colocándose un cojin en la espalda. Con cuidado encendió el cigarrillo y se dispuso a repasar una vez mas la documentación. Estaba impresa en el mismo tipo de papel que utilizaba el MI6 para notificar las misones a los agentes encubiertos. Si se mojaba un poco, la tinta se correría de tal forma que el documento quedaba totalmente ilegible. Además, según tenía entendido, era muy digestivo…

Definitivamente no iba a comprobarlo.

Varón, Caucásico, metro setenta y ocho, complexión fuerte… La ficha que le habían enviado era jodidamente exhaustiva. Además de hábitos, zonas de tránsito, habilidades conocidas, comportamiento social, y siete folios más de la vida y milagros del tipo, estaba acompañada por lo que casi era el book fotográfico de un actor: ventitrés fotos del objetivo, todas con una calidad óptima, y algunas hechas desde tan cerca que el se preguntó si de verdad los que le habían contratado para el trabajo no podían haberse encargado ellos mismos de hacerlo.

El objetivo tenía en nombre en clave “G”. Lo que parecía la foto de registro de una cárcel de máxima seguridad mostraba a un hombre de mediana edad, bastante bien conservado, pero con claros signos de una vida dura. Y joder, debió de vivirla antes de que inventaran las maquinillas de afeitar.

El cabrón había llegado con el Batallón de San Patricio en 1847 y había vivido en la ciudad desde entonces. Con todos los irlandeses que rondaban por alli habria pasado desapercibido hasta Jesucristo.

Repitio mentalmente el plan, cada particularidad, hora e itinerarios cuidadosamente preparados y revisados una y otra vez. Quedaba solo una hora para la medianoche, y su paquete estaba a punto de llegar.

A las 23:17 PM Hora Este, sono el telefono de la habitacion 63. Solo sonó una vez.

-Si.-dijo secamente al auricular.

-¿Señor…Hawk?- obviamente era un pseudónimo- Michael Evans, de recepción. Lamento llamarle tan tarde, pero aqui hay un mensajero con un paquete para usted que ha insistido en que esta era la hora exacta en que tenia que hacer la entrega…Si usted pud..

-Enseguida bajo.

El huésped de la habitacion 63 se levanto de la cama rapidamente y  recogio todos los papeles de encima de la cama. Cogio una papelera metalica que habia en el cuarto de baño y los metio dentro. De su maleta saco un bote casi vacio de queroseno para mechero, y termino de vaciarlo encima de los papeles. Dejo la papelera en el suelo y se encendio un cigarrillo. Mientras exhalaba el humo azulado mirando hacia arriba dejo caer el tabaco incandescente en la papelera y comenzó a arder inmediatamente. La llama era demasiado pequeña como para activar la alarma de incendios, pero no se arriesgó. Espero unos 20 segundos a distancia prudencial hasta que el fuego se extinguió y echo los restos de la papelera al retrete, y tiró de la cadena.

A las 23:19 PM no quedaba ningun rastro de su alojamiento en esa habitación.

Con paso firme y rápido se dirigió a los ascensores. Allí esperaban una pareja de unos 50 años de edad. Por el acento con el que hablaban entre ellos serian de Australia. En cuanto vieron al hombre ir hacia ellos se callaron rápidamente. Pobrecitos. Se habian asustado.

Y no era para menos. Media un poco mas de dos metros, y pesaba casi 130 kilos. Su pelo era moreno y corto, al estilo militar retirado, y la mandibula marcada y fuerte. Si te lo encontraras en una acera solitaria por la noche, cruzarias la calle. Cuando entro en el ascensor miro a la mujer y le brindo una sonrisa propia de un demente mientras las puertas se cerraban.

La pareja bajo por las escaleras.

El vestíbulo del Hotel estaba dividido por la mitad por una escalera de marmol rosaceo, al bajarlas pudo ver al jefe de recepcion, a un botones y a un mensajero de FedEx cargando un paquete con evidente esfuerzo. Rapidamente cubrio la distancia que le separaba de ellos. El jefe de recepcion se apresuro a interceptarle saliendo de detras del largo mostrador de madera con forma de L. Era espigado y bastante nervioso, quiza demasiado. “Sería digno de verle actuar en una crisis”, pensó.

-Señor Hawk, lamento mucho las molestias que le hemos causado.- Parecia un poco sofocado. Ya empezaban a cansarle tantas tonterias.- No sabiamos si usted querria recibir el paquete a estas horas, pero insistio tanto que tuvimos que avisarle.

Se detuvo brúscamente a menos de  medio metro del mensajero, y éste dió un paso vacilante hacia atrás, asustado. Le quitó la pizarra electrónica que tenía en la mano y firmó sin dejar de mirarle a lo ojos. Se la embutió contra el pecho, y con una sola mano le cogió el paquete. El pobre mensajero se quedó perplejo, porque el maletín bien podía pesar veinte kilos. Quitó el sello de plástico, y sacó del envoltorio semirrígido un maletín metálico de color negro mate.

-Bien, carge la estancia a mi cuenta. Me marcho ya.- dijo el señor Hawk. Salio del hotel entre las suplicas del recepcionista por saber que pasaba y si estaba conforme y Dios sabe qué más. Pero ni siquiera tenía tiempo para decirle que se callara.Tenia que coger un tren.

La parada de metro de Arlington solo estaba ocupada por tres personas: Un mendigo, un guardia de seguridad tratando de echarle, y una persona que habia dejado de llamarse Señor Hawk.

La lanzadera que le llevaria a Forest Hill paso a la hora exacta prevista, segun el plan.

La salida del Metro estaba orientada hacia un edificio de oficinas, de unas quince plantas.

Enfrente del edificio había uno de esos jardincitos zen tan de moda en las grandes corporaciones. La arena estaba apelmazada y los circulos concentricos del  jardin estaban difuminados. Sin preocuparse, el gigante pasó por encima.

La fachada de la entrada era completamente de cristal. Blindado, seguramente. Ni siquera se molesto en forzar la cerradura. sabia por donde entrar. La garita del unico guardia de seguridad que habria en el edificio en ese momento se encontraba a trece metros exactamente desde las esquina del edificio, junto a la entrada al parking. Tenia que neutralizarlo rapido antes de que diera la alarma.

Se concentro durante un segundo y sintio la fuerza de su sangre ardiendo en sus venas. El mundo se hizo mas lento a su alrededor, y todo sucedio como si le sucediera a otra persona y el lo estuviera viendo a traves de sus ojos: salir corriendo hacia la garita; notar que el vigilante le habia visto; la expresion de horror de este cuando se le echo encima, sin haberle dado tiempo siquiera a coger el walkie talkie; El brazo atravesando el cristal y partiendole el cuello con un solo moviemiento…

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En las escaleras del ultimo piso una puerta enrejada impedia el acceso al cuarto del sistema de ventilación del edificio. El hombre cogio un poco de impulso y de una patada hizo saltar la cerradura.  El choque de la puerta contra la pared retumbó por todo el hueco de las escaleras, pero a excepción del guardia de seguridad, no había nadie en el edificio. No hubiera importado, de todas formas. Ya habría acabado para cuando le encontraran. Cruzó la sala entre las máquinas de aire acondicionado industrial y se dirigió a la salida al exterior.

La azotea tenria unos treinta metros de ancho, que caminó sobre la gravilla a buen ritmo. No le quedaba mucho tiempo. Su objetivo se acercaba.

Coloco el maletin frente a él y lo abrió. Bajo las capas de espuma aislante se encontraban las piezas de un rifle de precisón. Metodicamente, ensambló uno a uno los componentes de un Barret Modelo 95 del calibre .50. La munición habitual que se usaba con este arma podia atravesar el blindaje de 55 milimetros de un tanque M60 americano. Pero el objetivo era bien distinto, y quizá una bala antitanque no fuera suficiente.

Cuando terminó de armar el rifle, sacó de la gabardina de cuero un estuche alargado revestido de un material ignífugo. De el sacó una bala, de unos 12 centimetros de largo y dos de diámetro. Era de un color acerado mate, y unos surcos muy finos  la recorrian desde la punta hasta el casquillo. Sólo necesitaría esa bala.

Fijó los pies en el suelo y apuntó  la calle. A través de la mirilla inspeccionó la calle. Un muro de más de cien metros de largo ocupaba la acera de enfrente, con una sola puerta para camiones que lo atravesaba. En la acera de enfrente se encontraba el edificio donde se encontraba el propio tirador y en la manzana de su derecha, un pequeño parque infantil. Por lo demás, no había ni un alma en toda la zona. Había dejado de llover. 

De pronto, un rugido absolutamente fuera de lugar, salvaje y profundo, sacudió la tranquilidad de la noche. Incluso el inquebrantable gigante podría haberse asustado por lo imprevisible del sonido, pero conocía la zona en la que se movía, y esto no le extrañó lo más mínimo…

No esperaba menos. Enfrente tenía el zoo.

Esperó sin hacer movimientos que un espectador normal pudiera notar durante veinte minutos más, cuando escuchó un motor de coche acercándose por la derecha. Era un negro, con pinta de escolta oficial para diplomáticos, pero sin las banderitas, lunas tintadasy puede que neumáticos macizos. Lo siguió con la mirilla todo el camino hasta que circuló paralelo al muro del zoo, donde comenzó a reducir su marcha. hasta que se paró frente a la puerta de acceso en el medio de la calle.

No podía ser una coincidencia. El hombre se enervó ligeramente. “Esto no es parte del plan”-se dijo. Odiaba las sorpresas. Quitó el seguro del rifle.

Una puerta de tamaño convencional se abrió en la entrada del zoo, de la que salió una mujer joven, bastante atractiva y de pelo rubio y corto. Salió caminando muy despacio y sensualmente hacia el coche y se agachó para ponerse a la altura de la ventanilla. Desde su punto de vista, el tirador no podía ver lo que hacía, porque se encontraba en el lado opuesto. Supuso que desde dentro habían abierto alguna ventanilla, porque la chica volvió a entrar al zoo, de nuevo caminando juguetonamente, con algo envuelto en tela blanca bajo el brazo, mas o menos del tamaño de un balón de rugby.

La puerta continuó abierta, pero estaba demasiado oscuro para ver nada. El tirador se maldijo por no haber pedido una mira telescópica con detección de infrarrojos, pero contra este tipo de objetivos, normalmente, era inútil. No tuvo que esperar demasiado para que volviera a salir. Esta vez iba acompañada. No había duda.

Con ella iba el nombre en clave “G”.

Las fotos que le enviaron eran totalmente fieles, y no habia posibilidad de error, pero el informe decía que aparecería solo. Si disparaba ahora revelaría su posición y, aunque neutralizara al objetivo, no tenía ganas de vérselas con la chica del pelo corto. Ahora tocaba ser paciente y esperar el momento perfecto.

El objetivo y quien fuera que estuviera en el coche hablaron durante dos minutos. Estaba demasiado oscuro para leerle los labios, pero no tanto como para no ver que estaba muy serio y rígido.  El coche se fue por el lado contrario de la calle por el que entro, y los dos empleados extraordinarios del zoo se quedaron quietos hasta que desaparecio por la esquina. La chica entro antes, pero “G” se quedo unos segundos mas mirando el horizonte de asfalto mojado, pensativo.

Era el momento.

Cuando la figura solitaria en medio de la calle se dio la vuelta para caminar con la cabeza baja de vuelta a la oscuridad llena de sonidos salvajes el tirador vio una oportunidad irrepetible. No habia viento. Trayectoria del blanco predecible. Sesenta metros de distancia… No podia fallar.

Como habia hecho un millon de veces…apreto el gatillo, y un ruido de succion sustituyo al disparo gracias a los supresores de fogonazo y el silenciador.

El objetivo recibio el disparo entre los omoplatos, pero la bala no le atraveso, sino que de sus costados y hombros salieron varia esquirlas incandescentes de color blanco brillante, que acabaron clavandose en el muro y la acera, donde siguieron consumiendose como bengalas de posicion durante un rato.

El tirador no se quedo hasta que se consumieran, pero si hasta que el objetivo, nombre en clave “G” se consumio en una agonia terrible entre llamas blancas y azules hasta convertirse en cenizas que se disolvieron en los charcos de la carretera tras el zoo de Boston.

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En el metro de vuelta hasta el centro de la ciudad, el gigante saco un telefono movil con conexion GSM, con el que podia hablar con cualquier telefono del mundo. Nunca se sabia de donde seria el jefe. Marco un numero, que nunca era directamente sociado con el cliente, y dio el mensaje.

- Aqui Rain. Objetivo con nombre en clave “G” eliminado. Espero instrucciones.

Published in: on 25 mayo 2009 at 9:13 pm  Comentarios (9)  
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Capítulo I

 

-Te juro que estoy harto de esta mierda.- dijo Kane mientras se lamía el puño manchado de sangre. El desgraciado con pinta de adicto al aerobic que le había estado molestando desde hace diez minutos estaba en el callejón de atrás del local de moda de Los Angeles con la cara igual que una cereza espachurrada. Eso le pasaba por querer fardar delante de un grupo de chicas a la que Kane le había echado el ojo. Pese a su aspecto de pandillero suburbano, no había chica que se resistiera a una invitación a dar un paseo a solas tras usar su “encanto personal”.

Cuando termino de limpiarse volvió a entrar en el Nine Zero Seven. El portero le abrió a un mar de ruido a doscientos beats por segundo. El DJ hacía temblar hasta el último ladrillo del local más exclusivo de la ciudad. Alcohol y drogas de diseño inundaban las venas de todos los presentes. Kane se abrió paso entre el ganado indiferente a los lobos que acechaban a su alrededor, mientras los miraba bailar en su trance psicotrópico.

Paul estaba apoyado en la barra, mirando taciturno una copa que seguía llena frente a él. Había quien decía que se parecía a un actor famoso de una serie de la tele, pero él les mandaba a la mierda rápidamente.
Siempre que salía de caza adoptaba esa actitud de tipo interesante sin quererlo que le funcionaba a la perfección. Los pantalones rotos que llevaba y la camiseta de tirantes que parecía diseñada expresamente para enseñar sus tatuajes no le quitaban atractivo rodeado de tanta Gente Guapa.

Su contacto se estaba retrasando  y eso le estaba poniendo de mala leche. Aunque era una fuente muy valiosa, mas le valía tener una buena razon para llegar tan tarde o desahogaría las tensiones sobre su cabeza. Mientras tanto, se limito a poner mala cara y maldecir para si mismo. La palmada en el hombro le cogió realmente desprevenido. Era Kane.

-Uoh, tranquilo. Soy yo. – Kane nunca perdía la sonrisa- El capullo de antes ya no nos volvera a molestar. Cuando se despierte deberá buscar un buen dentista de guardia.-dijo mientras se apoyaba de espaldas contra la barra y contemplaba la pista de baile llena a rebosar. Las chicas de antes miraron a la pareja entre risitas traviesas y saludos tímidos.

-Deberías relajarte y divertirte un poco.-continuó.- Esas se ahi nos lo estan poniendo en bandeja… Esta noche aun no has comido, ¿verdad?.

Paul las miro sin interés. Esta noche no le apetecía el juego de siempre. La seducción y posterior desangramiento de una joven universitaria le tomaria mas tiempo del que quería invertir.

-No hasta que venga Jadash. Alguno de los dos tiene que estar aquí cuando llegue.- Fingió tomar un trago de su mojito.- Puedes ir tú si quieres.

Kane le miró con cara de querer echarle un sermón sobre dejar de tratarle condescendientemente, pero como sabía que no le serviría de nada, como siempre, no dijo nada.

- Tu te lo pierdes. -Se encogió de hombros- cuando acabes con tu amigo judío llamame.- Y se fue.

No sucedió nada nuevo. Paul vió como su amigo se iba hacia el grupo de chicas, y en menos de dos minutos de estar hablando con ellas, cogió a una pelirroja que no debía tener edad para entrar en sitios como ese y se la llevó al centro de la pista. En menos de diez minutos estarían en el lavabo enfrascados en una parodia del sexo (al menos para Kane, claro). Lo demás es historia. Paul confiaba en que su amigo tuviera el control necesario para no meterse en un buen lio. Lo último que querrían sería cabrear al dueño.

Andrei sabía que cualquier dia todo podia desmadrarse en su local y se hacía cargo. Desde la caída del Muro había vivido en L.A., y habia que elogiarle lo rápido que se había adaptado al capitalismo salvaje. Regentaba el mayor centro de libertinaje de una ciudad libertina, y la cola para entrar daba la vuelta a la manzana. No quería pensar en lo que había oído sobre lo que se hacía con los que rompían las reglas de Andrei en su domino, pero las montañas de músculos repletos de anabolizantes que tenía como cuerpo de seguridad daban alguna que otra idea sobre el tema. Seguramente fueran ghouls, y seguramente hayan sido entrenados para enfrentarse a Vástagos. En el Nine Zero Seven había en ese momento al menos seis vampiros, sin contar con el propio Andrei y su chiquilla. Todas las noches era un desastre a punto de ocurrir, pero, milagrosamente, nunca pasaba nada. Si ocurría alguna horrible desgracia, como la muerte de algún colgado en los baños, los hombres de Andrei se encargaban de que nada hubiera pasado. Ni cadáver ni testigos. Como compensación, Andrei recibía un pago en metálico, o la Prestación de un favor. En el caso de chupones especialmente estúpidos, el favor era especialmente importante.

Mientras pensaba en una barra de hierro del ancho de un puño en las manos de uno de los gorilas, una mano suave le acarició la oreja por detrás de la cabeza. Por segunda vez esa noche fue pillado distraído.

Esta vez era una mujer, una de esas que haría que cualquier vampiro deseara estar vivo. Su melena negra se derramaba a su espalda como si fuera agua que brotaba un manantial. Llevaba puesto un vestido de infarto, aunque no muy acorde con el estilo del ganado que les rodeaba. Parecia una de esas modelos de Chanel de finales de los Sesenta, con un ligero toque de Audrey Hepburn en Desayuno con Diamantes, pero mas moderna. Estaba totalmente fuera de lugar, y la sonrisa que mostraba , entre forzada y sincera, no le convencia de lo contrario.

-Camarero, ponme un margarita. Bien frío.- El barman le hizo caso sin mirar a la chica un segundo más de lo estrictamente normal, lo que aseguro a Paul que era absolutamente todo menos eso. Una mujer como esa no pasa desapercibida.

Y no podía quitarse la sensación de que acababa de salir de un poster del catálogo de Veronica´s Secret.

-Eres Paul, ¿no es así?- le dijo la mujer.

-Dependiendo de quien lo pregunte.- contestó sorprendido de que fuera tan al grano.

-Vengo de parte de Jadash. Te traigo un mensaje.

-¿Ni siquiera vamos a conocernos un poco antes de hablar de negocios? No creo que a tu jefe le guste como tratas a tus clientes.

-Él no es mi jefe. Somos…asociados.- En ese momento, algo rozo el bajo de los pantalones de Paul. Se apresuro a pisarlo con todas sus fuerzas, con lo que consiguio el chillido chirriante de una rata, ademas de hacer temblar el suelo y la barra tres metros alrrededor. Varias copas y botellas se cayeron y derramaron pero nadie parecio notarlo. Excepto la mujer del vestido negro.

-Ya, claro. Cuando veas a tu jefe, dile que la información deberá fluir hacia mi, y no al revés. No me gusta que me espien…y ahora bien.-Hizo un gesto con la mano, invitándola a continuar.

-De acuerdo, ire al grano. Tu presa ya no está en la ciudad. Ni siquiera en el Estado.

-Dime algo que no sepa.- Kane y él se habian pasado el último año y medio buscándole por todo el Oeste y no habian conseguido dar con el fugitivo. El bastardo era bueno, pero tanto… No era buena señal para cuando consiguieran cazarlo.

-La última vez que se le vió fue en Chicago, hace unos seis meses. Estaba junto a un Gangrel llamado Robert Turley. Armaron una buena bronca en la puerta del Succubus ´ Club. El Sheriff les amenazó con convertirles en cenizas si no se iban de la ciudad enseguida.

-¿Y ya está? ¿Sólo sabes eso? ¿Qué coño esperas que haga yo con eso?

-Algunos informes de Arcontes a lo largo de todo el pais han informado de manadas en movimiento hacia la costa Este. De la dirección que han tomado se pueden deducir algunos destinos. ¿no crees?

-Si, supongo que si. Nueva York o Atlanta serian los destinos lógicos.- Atlanta había sido conquistada por el Sabbat hacía menos de un año, y una ciudad libre de vampiros era algo demasiado bueno para dejarlo pasar. Y Nueva York había sido de la secta desde…siempre, o más de lo que el podía saber. La mujer le miraba con una expresion casi divertida en su rostro, como si supiera la rspuesta final y le estuviera probando, a ver si era capaz de averiguarlo por si mismo. Paul la ignoro. fingio darle el ultimo trago a su copa y se dispuso a marcharse.- En fin, muchas gracias. Supongo que ahora me toca a mi.

Cuando dejo la copa en la barra y miro a la mujer, se encontro en su lugar a un hombre, de mediana edad y un poco mas bajo que la media, vestido con un traje barato, y que tenia un poco de chepa, por lo que desmejoraba un poco. Eso si no hablamos de las verrugas de la cara.

-En la fundicion de Morton´s hay cuatro vampiros. Uno es un malkavian, de eso estoy seguro, y el resto son Brujah o Caitiff. Cerca de la parte de atras hay un terraplen que llega hasta el rio, y una salida desembocadura de residuos. A unos diez metros dentro de ella hay una trampilla por la que se puede entrar sin problemas. Tienen algunos perros ghouls por los alrededores, asi que tened cuidado cuando entréis.

-No te preocupes. Lo tendremos… - dijo el Nosferatu-  ¡Ah! y dile a tu amigo que el nombre es Armenio, no judio.

 Y se fue.

Paul le siguio con la mirada mientras salia del local, con una media sonrisa en la cara.

“Me encantan las sorpresas”.-penso para si.

Al momento, se dirigio al baño de caballeros. Era uno de esos con lavabos de diseño en forma de huevo, y con acero mate hasta el techo, grabado con letras japonesas. Con todo este metal se podria hacer un tanque. Parecia tan limpio que se podria com….bueno, ya no hacia esas cosas.

Cuando entro habia un grupo de cotillas alrededor de uno de los reservados de retretes, escuchando como una pareja le daba como conejos…Si los conejos pesaran sesenta kilos y estuvieran de metanfetaminas hasta las cejas. Se abrió paso fácilmente invitándoles a irse con un uso juicioso de la violencia física y, de una patada, echó la puerta abajo.

Alli estaba Kane. Aun mantenia la farsa del amante, la cual funcionaba bastante bien, ya que la joven ni siquiera parecio darse cuenta de que les estaban mirando. Cuando uno esta frio como un filete en un matadero, el sexo no produce placer ninguno, pero si se puede producir. Y su amigo no habia perdido practica con los años.

Cuando los gritos de la chica llegaron al maximo, Kane desnudo los colmillos y los hundio en el cuello, de piel blanca y suave, arrancandole una nota mas alta y extatica a su garganta.

Paul escucho el ruido de la sangre en la boca de su compañeroy la olio. Por un momebto pudo saborearla en el aire, y eso fue demasiado. El Hambre empezo a atenazarle, y algo en su interior, mas profundo que sus entrañas, se desesperezo.

Queria sangre…y la queria ahora.

Con un bufido salvaje, Paul agarro a la chica del brazo y le clavo los colmillos en la arteria braquial, sin ninguna delicadeza. Ahora el grito fue de dolor. Hilillos de sangre le corrieron por la piel del brazo, cada vez mas palido por la hemorragia, cada vez mas debil, cada vez mas silencio…hasta que quedo inmovil.

El cuerpo flaccido de la chica se escurrio de los brazos de Kane, que la dejo caer como una colilla. Todavia respiraba, pero no duraria mucho. Bueno, penso, hay muertes peores. Se subio los pantalones y se relamio los pocos restos que tenia en la cara.

Paul, en cambio, necesitaba un baño. Su boca tenia el mismo aspecto que si le hubieran arrancado el labio de un mordisco. La sangre, que ya empezaba a secarse le manchaba la barbilla y le goteaba en la camisa de algodon blanco.

Tenia la mirada perdida y , aunque ya no necesitaba respirar, jadeaba como un animal furioso. Kane sabia que no debia hacer nada estupido en ese estado. Por muy racional que pudiera parecer increparle sobre dejar un cadaver desangrado en los baños de una discoteca llena de gente, era una estupidez. Asi que dejo que se calmara solo. Fue un buen chico y sucedio en solo un minuto.

-Joder. Otra vez no.-El puro instinto dejó paso a la prudencia cuando vió lo que habían hecho. Un sentimiento muy diferente se apoderó de el cuando penso en Andrei.- Dios, nos van a joder.

-Paul…¡Paul!- grito Kane agarrandole por los hombros.- Mirame a los ojos.-le cogio de la barbilla y le obligo a que le mirara.-Tienes que tranquilizarte. No nos va a pasar nada. Nos joderan si tu dejas que pase.

Paul parecio mas tranquilo de repente. Sus brazos, duros como la rama de un arbol se relajaron lentamente hasta colgar a los lados de su cintura. Su “encanto personal” le habia ayudado una vez mas…

-Ahora cuentame, despacio: ¿Sabes ya donde tenemos que ir?

Paul recupero la compostura y a cabeza fria que tanto le ayudaba. Lo primero era salir de alli. Y rapido.

-Si. Lo se.

-Entonces…¿Podemos irnos?

-Podemos.

-¿ Y adonde vamos?

“De caza”, penso. Estaban sobre la pista, aunque estuviera a mas de dos mil kilometros de distancia. Podia olerlo.

-Dile adios a Los Angeles. Nos vamos a Chicago.

La euforia que les habia dominado antes tenia ahora otro objetivo. Uno mas satisfactorio que la simple saciedad del Hambre. La venganza era, que duda cabe, mas dulce.

Salieron de alli por la puerta principal. Que le jodan a Andrei. Ya no volverian por alli en mucho tiempo. Quiza a la vuelta le hagan una visita para ajustar cuentas. Entonces se vera quien sale a pagar.

Cuando salieron al exterior y la brisa tibia del desierto les acaricio, Kane intento recordar la ultima vez que le causo remordimientos haber desangrado a alguien…

Published in: on 18 mayo 2009 at 6:37 pm  Comentarios (10)  
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El Forjador De Historias

Hace años ya, cierta persona sacó de una caja llena de polvo una edición de lujo de El Señor de los Anillos y me lo dió a principios de verano para que leyera algo. Tras devorarlo en menos de una semana (que con once añitos es todo un logro), empecé a aficionarme a los elfos, enanos, dragones… y a todo libro donde saliera una espada o un castillo.

Con el paso del tiempo comencé con lo de los juegos narrativos, o de rol, comunmente conocidos, y me atrajo la figura de Dungeon Master, Director de Juego o Narrador. Más que eso: me fascinó.

Narrador es un término muy amplio. Tiene mucha acepciones. Puede ser alguien que se limita a leer textos que han escrito otros, pero yo me quedo con la de esa voz, muchas veces anónima, que todo lo sabe del funcionamiento del universo y nos desvela las vivencias, las querencias y que puede separar amantes, provocar guerras, invocar milagros, arrancar lagrimas, desnudar almas, colorear mundos de ensueño, matar…, crear. En todas las razas y culturas ha existido siempre la figura del Narrador, ya sea alrededor de una hogera para alejar el fantasma del frío y el hambre o el juglar errante que canta las singladuras de los héroes a cambio de unas monedas.El Forjador de Historias que con sus palabras nos lleva a sitios donde nunca hemos estado, nos enseña cosas que nuncas hemos visto y nos presenta a gente que nunca hemos conocido como si para que su existencia sea real solo fuera necesaria la imaginacion del que lo imagina.

La historia que voy a presentar aqui lleva un desarrollo de 3 años que hago en conjunto con un grupo de jugadores fieles que se apuntan a un bombardeo narrativo cada vez que el tiempo y las ocupaciones me dejan viajar de vuelta a mi tierra natal. Si algún dia esto sale a la luz oficialmente, que no duden que haré que los personajes que yo describa aqui no desmeceran a los que ellos dieron ese hálito de vida y personalidad propios que crean cualquier buena historia. No voy a decir sus nombres, pero ellos saben quienes son. Gracias chicos. Va por vosotros.

Published in: on 6 mayo 2009 at 3:57 pm  Comentarios (2)  
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